
Hemos vuelto a casa, cansados y felices.
Nuestra niña es un terremoto, activa y alegre, pero también testaruda y con mucho carácter. ¡¡Vaya broncas que nos ha echado en chino!!
La adaptación mejora día a día: parece que ha estado siempre con nosotros.
Shanghai, impresionante: se mezclan las dos Chinas, una parte moderna y actual, con edificios alucinantes, gente guapa, luces, centros comerciales… y por otro lado los puestecillos de la calle, el tráfico, las bicicletas, carritos y motos, la China más tradicional. Me hubiese gustado quedarme más tiempo. ¡¡Qué nostalgia!!
No pasamos desapercibidos: nos miraban con un descaro tremendo, pero con cierta inocencia, y nos hablaban en chino sin parar, sonriendo, señalando a los niños y diciendo que eran muy guapos.

No hemos podido visitar el orfanato (por la gripe A), pero lo hemos visto de casualidad desde la autopista, camino del pueblo Wuxi.

Acabamos de llegar y ya echo de menos China. Estamos unidos a ella para siempre.


